Atención empresas: mis datos son míos

Una compañía canadiense de consoladores ha sido multada esta semana con cuatro millones de dólares (2,7 millones de euros) por robar datos muy comprometedores a sus clientes. Según recoge The Guardian, la sociedad We-Vibe vendía un “vibrador inteligente” capaz de conectarse a una aplicación (y activarse en modo remoto) de forma que remitía al fabricante registros como la temperatura del dispositivo o intensidad del movimiento.

La información que compartimos hace crecer la economía, pero tiene sus riesgos.

Es el último ejemplo de cómo algunas corporaciones violan sistemáticamente la privacidad de sus usuarios. “¿Dónde está el límite?”, se pregunta un estudio que acaba de publicar KPMG. Consumidores de 22 países, entre ellos España, demostraron que están muy preocupados por cómo se mercantiliza su privacidad y comienzan a sentirse realmente irritados con actitudes que antes toleraban, aunque sean legales.

El 55% de los consultados en España (el mayor porcentaje de los países participantes) siente, por ejemplo, que no tiene “ningún tipo de control” sobre el uso que las empresas hacen de sus datos, seguidos de franceses y rusos. A escala global, el 60% de la muestra admite que ya borra las cookies en su navegador, más de la mitad gestiona los parámetros de privacidad de sus redes sociales (en España el 46%) y otro 25% recurre a la encriptación, algo que en España solo hace el 18%. El estudio contenía preguntas como “¿qué le parece que tras escribir un correo a un amigo con un plan para viajar a París aparezcan anuncios de hoteles o restaurantes en esa ciudad al navegar?” o “¿acepta que una valla publicitaria electrónica le salude con su nombre propio, le pregunte si ha disfrutado del desayuno y le muestre un anuncio de sus cereales favoritos?”. La respuesta mayoritaria es un “no” a tolerar este tipo de usos. De forma abrumadora, los consultados también rechazan algo que ocurre todos los días: que las aplicaciones accedan a fotos, contactos o historial de navegación. Sin embargo, las cosas cambian cuando hay regalos de por medio. “¿Aceptaría una tablet gratuita a cambio de que una empresa haga un seguimiento de cuándo, cómo y por qué la utiliza?” tiene una buena aceptación, al igual que una propuesta de descuentos al comprar un televisor que monitorice los gustos en un hogar.

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